Amenazas, prórrogas y cambios de última hora en las declaraciones de Donald Trump
Desde que comenzaron los ataques a Irán el 28 de febrero, Donald Trump ha impuesto múltiples fechas límites a Irán, especialmente sobre el estrecho de Ormuz.
ENFRENTADOS NEWS INTERNACIONAL.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fijó este domingo 5 de abril su advertencia más contundente al establecer la noche del próximo martes como “fecha límite definitiva” para que Irán reabra el estrecho de Ormuz, en un mensaje que combinó lenguaje agresivo con objetivos militares concretos.
En su publicación, dejó claro que el incumplimiento activaría ataques directos contra infraestructura crítica: “El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente… Abran el estrecho o verán en el infierno”, una frase que convirtió la fecha límite en una amenaza explícita de acción inmediata.
El ultimátum no se limitó a una advertencia general, sino que delimitó con precisión los blancos (como las centrales eléctricas y puentes) y el momento de ejecución, reforzando la idea de que el tiempo otorgado a Teherán tenía, aparentemente, un carácter final.
La fijación de una fecha concreta, acompañada de una narrativa de castigo inminente, marcó el punto más alto en la cadena de plazos impuestos por Washington desde el inicio del conflicto.
De lunes a martes: el ajuste inmediato del plazo
Sin embargo, ese límite del martes no fue estático. El propio Trump había manejado previamente el lunes como fecha inicial, para modificar el límite apenas horas después, evidenciando la flexibilidad con la que la Casa Blanca ha tratado los tiempos de sus amenazas.
Antes de eso, había extendido a cinco días (que se cumplían el lunes) un plazo que originalmente fue de 48 horas para la apertura del estrecho de Ormuz.
El último cambio de 24 horas, aunque breve, resultó significativo porque mostró que incluso los ultimátums que parecen más firmes pueden ser recalibrados en función de factores políticos o estratégicos, para conveniencia del presidente republicano y su imagen personal, que cada vez pierde más aprobación en la población general y la de sus votantes más fieles.




