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Envejecientes de Mariano Cestero claman al presidente Abinader por la construcción de las calles: “No nos dejen morir olvidados

“Estamos como hijos huérfanos, no sabemos a quién llamar. Si el presidente no nos atiende, ¿quién lo va a hacer?”

 DAJABÓN. – En la comunidad fronteriza de Mariano Cestero, donde el tiempo parece haberse detenido entre el polvo y el abandono, los envejecientes levantaron su voz en un último intento por ser escuchados, por la indiferencia de las autoridades que, durante décadas, han ignorado sus necesidades más básicas.

Son rostros curtidos por la vida y el trabajo en el campo, Doña Dionicia Guzmán, de 92 años, pide ver su calle arreglada antes de morir.

Con la esperanza y el temor de morir sin haber visto pavimentada la calle que ha transitado desde 1947. En su testimonio Dionicia, no refleja  rabia, pero sí una tristeza profunda que estremece.

Condiciones de calle en comunidad Mariano Cestero

“Estamos como hijos huérfanos. No sabemos a quién llamar. Si el presidente no nos atiende, ¿quién lo va a hacer?”, expresó con la voz entrecortada.

Desde hace más de siete décadas, Mariano Cestero espera una obra tan básica como una calle digna. La promesa de un Estado presente nunca ha llegado. Doña Dionicia suplica, sin exigir lujos:

“Yo le pido al presidente Abinader que nos haga un favor. Así como ha ayudado a otros envejecientes en otras comunidades, que por favor nos arregle la carretera y la calle. No queremos morir olvidados.”

Don Francisco García, de 102 años: “Antes de morirme, quiero ver la carretera hecha”

A este clamor se une el de Don Francisco García, un agricultor de 102 años, que con paso lento pero firme, camina por las mismas calles polvorientas donde ha vivido desde 1969.

Condiciones de calle en comunidad Mariano Cestero

“Le pedimos al gobierno que venga a arreglarnos las calles. Esta comunidad está necesitada y olvidada”, afirmó con voz serena, pero cargada de decepción.

Durante toda su vida, Don Francisco trabajó la tierra, sembrando yuca, arroz, maíz, guineo y plátano. Hoy, lo rodean sus hijos, nietos y bisnietos –más de cien descendientes que también caminan sobre el abandono. Su historia no solo es la de un hombre que envejece con dignidad, sino la de una comunidad entera marginada por el Estado.

Una comunidad fronteriza condenada al olvido

Los habitantes de Mariano Cestero no piden privilegios. Exigen lo que les corresponde: atención, inversión y respeto. Caminan a diario entre lodo o polvo, sin servicios básicos, sin calles, sin voz. Mientras las autoridades celebran logros en el centro del país, estas comunidades fronterizas siguen condenadas a la invisibilidad.

Cada palabra de sus envejecientes es una herida abierta, una súplica silenciada. La carretera que no llega es símbolo del abandono estatal, de las promesas incumplidas y de una política pública que no ve más allá de las zonas urbanas.

Hoy, Doña Dionicia y Don Francisco representan a miles que envejecen con la esperanza rota. No quieren morir sin haber visto el cambio. Pero lo más triste, lo más injusto, es que no debería estar pidiendo lo que hace mucho debió ser un derecho garantizado.

Fuente: elnuevodiario.com.do

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