La sociedad cretina y el silencio de los políticos
Lidió con hombres tan nobles y éticos como el incorruptible Robespierre o Danton, político impresionante. Luego de participar en el derrocamiento de la monarquía en 1792.

Por: Damasco Jiménez
ENFRENTADOS NEWS .- El genio tenebroso, como lo llamó Stefan Zweig en su biografía novelada, fue uno de los hombres más hábiles de la historia política. Para muchos, este hombre amoral, sin ningún remordimiento de conciencia, nunca dejó de dormir sobre una almohada de plumas cuando debió haber sido de cemento sólido o de espinas. Siempre jugó del lado del político de turno.
Lidió con hombres tan nobles y éticos como el incorruptible Robespierre o Danton, político impresionante. Luego de participar en el derrocamiento de la monarquía en 1792, pasó a tener un papel más moderado. Fue un orador de mucho calor, que influyó decisivamente en las masas del pueblo parisino. Estas batallas se daban desde las tribunas, desde los púlpitos y desde los teatros. Siempre han existido los opuestos: los muy liberales y los muy conservadores. Hoy no existe más que el dinero y el comercio; estamos frente a una sociedad atontada, cretina. En la historia de la humanidad, nunca como ahora la palabra había estado tan vaciada de sentido y contenido, a pesar de la existencia de infinidad de medios de comunicación.
En la República Dominicana vivimos las luchas estudiantiles. Allí destacó Amín Abel Hasbún, «El Turco», brillante y comprometido con las causas sociales. También Narciso González, periodista y hombre de gran valentía, convertido en símbolo de la lucha por los derechos democráticos.
El filósofo Leibniz creó el concepto de mónada para referirse a las unidades fundamentales de la realidad, las cuales no pueden dividirse ni destruirse por medios naturales. Este es el pensamiento social en la actualidad: todos cacarean el mismo canto en el gallinero.
Tomo esta cita para señalar la unidad de pensamiento en la vida política. Los derechos sociales parecen estar secuestrados. Ya no existen grandes protestas encabezadas por voceros religiosos o líderes sociales. Los políticos han dejado de ejercer el pensamiento crítico y de debatir las grandes ideas: el futuro de la humanidad, el progreso de los pueblos y el bienestar colectivo.
En los Estados Unidos tuvo gran influencia el pensamiento de Noam Chomsky, considerado por muchos como «la conciencia de América».
Nuestra sociedad carece de una mínima gota de pensamiento profundo. Por eso celebro un debate surgido en días pasados que, al momento de escribir este artículo, supera las 60 mil visualizaciones. Sin embargo, paralelamente, se celebró un seminario sobre filosofía de la ciencia, ética y futuro humano, impartido por grandes maestros en estas áreas, sin despertar interés.
Recuerdo que, alrededor de 2014, leí en un libro de uno de los expositores una idea que recientemente uno de los debatientes presentó como propia. Quizás fue por desconocimiento; quizás nunca llegó a leer aquella obra.
¿Y por qué hago este comentario?
Este artículo no es la añoranza de un joven al que le gusta leer y escuchar palabras extrañas; es el grito de un joven que escribe desde el hambre, cuando los políticos y empresarios se ponen de acuerdo sobre temas fundamentales sin tomar en cuenta a la población; cuando un independiente calla porque es mejor estar en paz y dejar que el maligno se lleve a todos; cuando volvemos la mirada al ver el dolor del otro porque no me afecta directamente una injusticia; cuando grabamos en la calle un maltrato y no intervenimos; cuando se viola la ley y callamos porque el responsable es el hijo de fulano o amigo de perencejo.
Las limpiezas antisociales nunca se hacen en Piantini ni en Naco; solo las vemos en Herrera y en la calle 42. Kant escribió: «El que le roba a una persona es culpable; el que le roba al Estado le roba a todos».
Ya perdimos a esos oradores que, como grandes profetas, declaraban los males de la sociedad.
Solo vemos complicidad y complacencia. Nuestra voz clama por paz, mientras nuestro cerebro grita guerra, indignación, repugnancia, dolor y frustración total.
«Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán».




