El peso de la familia no cae sobre las cuatro paredes de la casa. Cae sobre los hombros de la mujer

Por: Wendy Padilla
Psicóloga
ENFRENTADOS NEWS.- Son muchas las mujeres que sueñan con formar una familia, tener hijos y contar con un buen esposo. Nos ilusionamos con esa idea y con todo lo que representa. Pero a veces, después de formarla, nos encontramos con una realidad que nadie nos contó: el peso del hogar no cae sobre las cuatro paredes de la casa, sino directamente sobre nuestros hombros.
Hoy hablaba con una amiga, vamos a llamarla María. Me confesó algo que muchas mujeres viven en el día a día y pocas se atreven a decir: en su casa, absolutamente todo depende de ella.
Hasta para un simple trámite con un papel, su pareja necesita que ella intervenga.
De alguna manera, su esposo y sus hijos se han inutilizado. Ya no la ven como a una mujer con vida propia, sino como el medio para conseguir sus fines.
María es la que resuelve todo.
Me decía con pura desesperación:
Estoy harta, estoy muy cansada. Hay días en los que quisiera irme bien lejos, porque lo que yo realmente quiero es estudiar, prepararme, hacer mis cosas.
Esta es la carga invisible que consume a tantas mujeres. Y si algo he aprendido, como mujer y como psicóloga, es que podemos conservar nuestras vidas, nuestros proyectos, nuestros intereses y nuestra identidad, aun cuando tengamos una familia y otras obligaciones.
Podemos aprender a no abandonarnos en el proceso, a no desaparecer detrás de los roles y las responsabilidades que asumimos.
También somos parte de esa familia, y nuestras aspiraciones, necesidades y deseos tienen el mismo derecho a ocupar un espacio.
No se trata de abandonar a la familia, de desentendernos de nuestras responsabilidades ni de dejar de cumplir con nuestras obligaciones. Se trata de mirar con honestidad cuánto estamos cargando y si de verdad tiene que ser así.
Si nuestros hijos ya tienen edad y capacidad para asumir ciertas tareas, tal vez es momento de dejarlos participar. Y con nuestro esposo, vale preguntarnos si lo estamos tratando como compañero o como a un hijo más.
La familia no debería ser una responsabilidad individual de la mujer, sino una responsabilidad compartida.
Podemos amar, cuidar y estar presentes para los nuestros sin dejar de ser nosotras. Porque también necesitamos espacio para crecer, prepararnos y hacer como dijo María; nuestras cosas.
Así que, mujer, deja de abandonarte y empieza a habitarte.
Wendy Padilla
Psicóloga, autora y facilitadora
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