Opinión

AY NO, ESO NO

Por Santiago Rafael Caba Abreu

He leído impávido algunas publicaciones de Facebook e Instagram, notificadas como salidas de los labios de un político local, quien en los actuales momentos ejerce una función de elección Municipal.

En cierta medida, y en aras de ser objetivo, hemos de reconocer que el susodicho incumbente municipal ha realizado algunas obras físicas que han impactado en el escenario de esta ciudad para darle una proyección moderna a los ojos de nuestros visitantes. Estas cosas les valen, en términos políticos, para que el mismo promueva su deseo a repostularse en el cargo, puesto que puede exhibir una ejecutoria municipal, obviamente a un precio que la sociedad aún no sabe, porque no existe en el portal de transferencia, donde se haga el informe trimestral del presupuesto en el que se pueda establecer cómo se ejecutaron las mismas.

No entiendo porqué un político puede acusar o estigmatizar a sectores, segmentos, grupos o sociedades de algo tan funesto para descalificar el accionar de estos en un proceso que debe ser democrático, como lo es el ejercicio del derecho a elegir internamente en un proceso electoral de un partido político.

Esa actitud tiene un símil o parecido a las acciones de los caudillos que gobernaron la República Dominicana en una época oprobiosa, felizmente superada, quienes para descalificar a sus opositores lo acusaban de “comunistas, incitadores, panfletarios o insurgentes”

Bueno pues yo lo que quiero con esta humilde opinión, es decir que no, no y no, los Bateyeros no son “coge cheles”. Eso no significa que no haya algunos que otros que son compañeros de quien dice eso, y se inscriben en ese ámbito de ética política reprochable, pero generalizar es un insulto intolerable para los que llevamos un ejercicio político decente.

Cerrar las puertas o las ventanas para que, dentro de un partido político, la gente pueda ejercer libremente del derecho a simpatizar, militar o promover al líder que le sea de sus afectos, es una pachotada. Por tanto, aquí cabe decir lo que decía un gran abogado de Montecristi, ido a destiempo, “Gallo se fue de cabezaaa”.

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