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¿Qué hay detrás de la salida de Dan Driscoll?: la renuncia que revela la pugna por el rumbo del Ejército de EE. UU.

La renuncia del secretario del Ejército de Estados Unidos, tras 18 meses en el cargo, llega después de meses de fricciones con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, por la destitución de altos mandos y el modelo de modernización de las Fuerzas Armadas.

ENFRENTADOS INTERNACIONAL .-  Una dimisión sin explicación oficial, pero con alto impacto en las Fuerzas Armadas estadounidenses.

Dan Driscoll, hasta ahora secretario del Ejército del país, presentó el lunes su renuncia al presidente Donald Trump después de conversar con él sobre la situación de la institución castrense, según indicó un funcionario estadounidense a la agencia de noticias AP y otras fuentes conocedoras del proceso. La Casa Blanca confirmó la salida, pero aún no ha esbozado los motivos.

La portavoz presidencial, Anna Kelly, optó por destacar el balance de Driscoll y describirlo como un funcionario «sumamente eficaz» en la ejecución de la agenda de Trump. La Casa Blanca resaltó especialmente su trabajo para reforzar la preparación y capacidad operativa del Ejército, así como su participación en los esfuerzos diplomáticos relacionados con Rusia y Ucrania.

Pero el elogio oficial contrasta con las informaciones publicadas durante los últimos meses sobre una relación cada vez más tensa y compleja entre Driscoll y el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Fuentes citadas por los medios de comunicación locales, como ‘The Washington Post’, ‘The New York Times’ y ‘Politico’ sitúan esas discrepancias en el centro de la salida.

Uno de los puntos de fricción habría sido la decisión de Hegseth de remover a destacados oficiales del Ejército, entre ellos el general Randy George, que ocupaba la jefatura del Estado Mayor.

George fue destituido en abril sin que se ofreciera públicamente una explicación detallada. Driscoll era considerado un aliado suyo y posteriormente expresó ante el Congreso su pesar por la salida. ‘The New York Times’ reportó que el secretario del Ejército había manifestado a Trump su frustración por la destitución de dirigentes militares con amplia experiencia y por el bloqueo de ascensos de oficiales vinculados a personas que Hegseth había apartado.

La cadena de relevos no terminó con George. También salieron de sus puestos otros oficiales de alto rango, entre ellos James Mingus Christopher Donahue, comandante del Ejército estadounidense en Europa y África. La sucesión de estas decisiones ha alimentado las críticas de legisladores de ambos partidos y la percepción de una reorganización profunda de la estructura de mando.

Ahora, con la salida de Driscoll, el Ejército se queda sin una cúpula estable. La importancia de la renuncia va más allá de la salida de un funcionario.

La institución armada afronta ahora un vacío simultáneo en sus máximos puestos civil y militar. El cargo de secretario queda pendiente de un nuevo nombramiento, mientras que la jefatura del Estado Mayor permanece en manos de un interino desde la destitución de George. ‘The Washington Post’ ha descrito la situación como parte de una purga más amplia de los altos mandos militares bajo Hegseth.

La circunstancia resulta especialmente sensible, ya que el Ejército mantiene responsabilidades centrales en varios escenarios. Sus fuerzas participan en operaciones en Medio Oriente y su estructura en Europa desempeña un papel relevante en el apoyo estadounidense a Ucrania y en la planificación frente a Rusia.

El relevo se produce, además, cuando la Administración Trump afronta una elevada rotación en la cúpula del Pentágono y una escasez de altos mandos confirmados por el Senado. La dimisión de Driscoll también se suma a otras bajas relevantes, como la del secretario de la Armada, John Phelan, y la de altos oficiales del Ejército.

Dos visiones sobre cómo modernizar el Ejército

La disputa no habría sido únicamente personal. Las mismas fuentes señalan la existencia de una diferencia de enfoque sobre el futuro de la fuerza terrestre estadounidense.

Driscoll llegó al cargo con la imagen de «agente de cambio» y puso buena parte de su gestión en acelerar la incorporación de nuevas tecnologías, especialmente drones, sistemas antidrones y capacidades desarrolladas por pequeñas empresas tecnológicas. La agencia de noticias Reuters destaca que defendió una mayor agilidad en la adquisición de armamento y una reducción de los obstáculos burocráticos para incorporar rápidamente nuevas capacidades.

Archivo: soldados estadounidenses son vistos durante una ceremonia de entrega de la base militar de Taji de las tropas de la coalición liderada por Estados Unidos a las fuerzas de seguridad iraquíes, en la base al norte de Bagdad, Irak, el 23 de agosto de 2020.
Archivo: soldados estadounidenses son vistos durante una ceremonia de entrega de la base militar de Taji de las tropas de la coalición liderada por Estados Unidos a las fuerzas de seguridad iraquíes, en la base al norte de Bagdad, Irak, el 23 de agosto de 2020. © Reuters/Thaier Al-Sudani

Sin embargo, en los últimos meses se produjo un retroceso de algunas de esas iniciativas. Bajo el liderazgo interino del general Christopher LaNeve, el Ejército canceló un programa mediante el cual una unidad estadounidense en Europa desarrollaba sus propios drones y volvió a orientarla hacia una estructura convencional de infantería, según funcionarios citados por la agencia de noticias estadounidense AP.

Para varios de los críticos de Hegseth, el problema se centra en que la renovación de la cúpula y el abandono de determinadas iniciativas están deshaciendo precisamente la transformación que Driscoll y otros oficiales habían intentado impulsar.

¿Qué efectos traería la renuncia de Driscoll a las fuerzas de EE. UU.?

Más que una dimisión aislada, la salida de Driscoll parece ser otro episodio de la reconfiguración de las Fuerzas Armadas emprendida por la Administración Trump.

El elemento decisivo será ahora comprobar si el relevo consolida la estrategia de Hegseth —con una mayor centralización del control y una renovación de la cúpula militar— o si la Casa Blanca busca preservar parte del programa de modernización tecnológica defendido por Driscoll.

Por ahora, la única explicación oficialmente confirmada es que Driscoll deja el puesto después de hablar con Trump sobre el estado del Ejército. El resto —sus desacuerdos con Hegseth, la disputa por los despidos de generales y las diferencias sobre la modernización— procede de fuentes y reportes de medios que describen el trasfondo de una salida que, aunque políticamente significativa, todavía no ha recibido una explicación pública completa.

Lo que sí parece claro es que la marcha de Driscoll deja al Ejército estadounidense en un momento de especial vulnerabilidad institucional: sin secretario confirmado y con su principal puesto militar todavía en manos de un interino, mientras sus fuerzas afrontan simultáneamente los desafíos de Medio Oriente, Europa y una transformación tecnológica acelerada del campo de batalla.

Archivo: el presidente estadounidense Donald Trump se unió a las familias en duelo en la base aérea de Dover para presenciar el solemne traslado de los seis soldados estadounidenses fallecidos en Kuwait.
Archivo: el presidente estadounidense Donald Trump se unió a las familias en duelo en la base aérea de Dover para presenciar el solemne traslado de los seis soldados estadounidenses fallecidos en Kuwait. © Kevin Lamarque/Reuters

La posición de Driscoll dentro de la Administración era singular tras alzarse como un secretario con acceso a Trump y a Vance. Veterano de Irak, inversor tecnológico y antiguo asesor de J.D. Vance, mantenía una relación estrecha con el vicepresidente, a quien conoció durante sus estudios en Yale.

Trump lo había presentado en 2024 como un «agente de cambio» y «disruptor». El Senado lo confirmó en febrero de 2025 con 66 votos a favor y 28 en contra, un resultado que reflejó un respaldo considerable para un nombramiento del Gobierno de Trump.

Esa capacidad para mantener relaciones con legisladores de ambos partidos también convirtió a Driscoll en una figura poco habitual dentro del Pentágono. ‘The New York Times’ destaca que demócratas y republicanos lo consideraban un interlocutor accesible, incluso cuando discrepaban políticamente con él.

El senador demócrata Jack Reed, principal miembro de la minoría en el Comité de Servicios Armados del Senado, elogió su trabajo y aprovechó su salida para criticar la gestión de Hegseth, a quien acusó de favorecer la lealtad personal frente a la competencia profesional.

El factor Hegseth: lealtad frente a experiencia

La salida de Driscoll se produce en medio de un debate más amplio sobre el modelo de liderazgo que Hegseth está imponiendo en el Pentágono.

Sus críticos sostienen que la Administración ha desplazado a oficiales experimentados para ubicar a personas consideradas más próximas a la agenda política de Trump y de Hegseth. ‘The Washington Post’ señala que entre los factores de tensión estaba incluso la percepción de Hegseth de que Driscoll no había mostrado suficiente deferencia o cortesía hacia él.

Desde esa perspectiva, la renuncia puede interpretarse como el desenlace de una disputa sobre quién debe definir las prioridades del Ejército: el secretario de Defensa, con una estrategia de reorganización profunda de la cúpula, o el secretario del Ejército, que defendía una transformación tecnológica y operativa apoyada en parte en los mandos que fueron desplazados.

Archivo: el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, habla durante una reunión informativa con el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine (no aparece en la imagen), en el marco del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en el Pentágono, Washington D.C., Estados Unidos, el 31 de marzo de 2026.
Archivo: el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, habla durante una reunión informativa con el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine (no aparece en la imagen), en el marco del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, en el Pentágono, Washington D.C., Estados Unidos, el 31 de marzo de 2026. © Reuters/Jonathan Ernst

No obstante, no existe una declaración pública de Driscoll que atribuya formalmente su renuncia a un único conflicto con Hegseth.

La guerra y el momento político complican el relevo

El momento de la dimisión añade otra capa de incertidumbre. Estados Unidos continúa implicado militarmente en Medio Oriente y mantiene su compromiso con la defensa europea y el apoyo a Ucrania.

La pérdida de un secretario del Ejército en estas circunstancias obliga a Trump a cubrir rápidamente un puesto que requiere además confirmación del Senado.

Entre los nombres mencionados para suceder a Driscoll aparece Sean Parnell, portavoz principal del Pentágono y figura próxima a Hegseth. Su eventual nominación, sin embargo, podría encontrar obstáculos políticos en el Senado, según funcionarios citados por ‘The New York Times’.

Se observa humo proveniente de una explosión en un lugar desconocido, durante lo que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) describe como ataques contra Irán, en esta captura de pantalla de un video distribuido el 15 de julio de 2026.
Se observa humo proveniente de una explosión en un lugar desconocido, durante lo que el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) describe como ataques contra Irán, en esta captura de pantalla de un video distribuido el 15 de julio de 2026. © Comando Central de EE. UU./Vía Reuters

La salida de Driscoll también coincide con la prevista marcha de Dave Fitzgerald, un alto funcionario civil que había trabajado en iniciativas para atraer inversión privada y acelerar la innovación tecnológica en defensa.

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