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EN CONSTRUCCIÓN 180°

Pero quizás hemos entendido mal eso de “empezar de nuevo”.

No empezamos de cero. Empezamos desde donde estamos.

Comenzamos aislándonos del ruido, para poder escuchar nuestra propia voz.

Aunque nuestras historias sean completamente diferentes,algo que tenemos en común: todos estamos en construcción.

Reconstruimos nuestra vida mientras la vivimos. Tomamos decisiones, nos equivocamos, aprendemos, cambiamos de opinión, perdemos, ganamos, nos detenemos y volvemos a empezar.

Pero quizás hemos entendido mal eso de “empezar de nuevo”.

Porque empezar de nuevo no significa borrar lo anterior.

No significa negar quién fuimos.

No significa avergonzarnos de nuestras decisiones, de nuestras etapas, nuestros errores, nuestras heridas o incluso de aquellas versiones de nosotros que hoy ya no reconocemos.

No comenzamos de cero.

Comenzamos desde todo lo que hemos vivido.

Y esa diferencia puede cambiarlo todo.

¿Qué hacemos con nuestra historia?

Hay experiencias que nos marcan dejando cicatrices permanentes.
Algunas nos fortalecen. Otras nos hacen dudar de nosotros mismos.

Hay palabras que todavía recordamos, buenas y malas y algunas siguen ancladas.

Decisiones que hubiéramos tomado de otra manera.

Personas que nos dejaron enseñanzas.

Puertas que se cerraron.

Oportunidades que dejamos pasar.

Y también existen sueños que, por distintas circunstancias por mucho tiempo pusimos en pausa.

La pregunta no es solamente qué nos ocurrió o qué nos detuvo?

La pregunta más profunda es:

¿Qué estamos haciendo hoy con aquello que nos ocurrió?

Podemos convertir el pasado en un espacio donde permanecer encerrados ò podemos convertirlo en combustible.

Avanzar 180 grados en línea recta, no para vivir mirando hacia atrás, sino para avanzar con mayor conciencia.

En ese proceso de construcción también aparece una necesidad profundamente humana: buscar aprobación,
sentirnos aceptados.

Buscamos aprobación en la familia, en la pareja, en los amigos, en el trabajo y, cada vez más, en las redes sociales.

Queremos saber si estamos haciendo lo correcto.

Si nos vemos bien.

Si somos suficientes.

Si nuestra vida parece exitosa.

Si nuestras decisiones son comprendidas por los demás.

Y sin darnos cuenta, podemos terminar construyendo una versión de nosotros mismos para satisfacer expectativas ajenas.

Nuestra imagen también puede convertirse en un escenario de esa búsqueda.

Nos vestimos, nos arreglamos y nos presentamos ante el mundo.

Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:

¿Mi imagen está expresando quién soy o está intentando demostrarle algo a alguien?

Desde mi profesión y ejerciendo la comunicación de imagen estratégica, he aprendido que la imagen va mucho más allá de la ropa.

La imagen comunica.

Pero antes de comunicar hacia afuera, necesita existir una conversación hacia adentro.

Es imposible construir una imagen auténtica si todavía estamos tratando de descubrir qué queremos decir con nuestra presencia.

Quizás por eso necesitamos girar la mirada.

No 360°.

Esta vez a 180°.

Lo suficiente para mirar aquello que dejamos atrás sin quedarnos atrapados en ello.

Lo suficiente para reconocer nuestro recorrido, comprenderlo y utilizarlo como parte de nuestra construcción.

Porque transformarnos no significa convertirnos en otra persona.

Significa acercarnos cada vez más a la persona que realmente queremos ser, sin jugarnos ni castigarnos.

Y eso también implica aceptar que no todo tiene que cambiar.

Hay cosas que debemos soltar.

Hay otras que debemos conservar.

Hay partes de nosotros que necesitan sanar.

Y hay otras que simplemente necesitan ser abrazadas y volver a darles un espacio.

Estamos todos en construcción

No importa la edad.

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