KAREN YAPOORT Y EL FIN DE LA IMPUNIDAD DIGITAL
El caso Karen Yapoort desnuda los excesos de quienes han convertido las redes sociales en tribunales sin jueces, sin prueba

Por Carlo Lara
ENFRENTADOS NEWS .- Definitivamente, hay momentos en los que alguien tiene que decir: ¡hasta aquí! Durante demasiado tiempo, las redes sociales dominicanas han sido utilizadas por algunos autodenominados comunicadores e influencers como una especie de territorio sin reglas, donde el rumor se convierte en noticia, la acusación en contenido y la vida privada de las personas en mercancía para conseguir seguidores, reproducciones y likes.
Por eso resulta relevante la decisión de la comunicadora Karen Yapoort de acudir a la vía legal frente a contenidos que, según su defensa, contienen informaciones falsas y afectan su reputación.
Su abogado, Alberto Fiallo, anunció un plazo de 48 horas para que las personas y plataformas señaladas retiren las publicaciones cuestionadas y realicen una rectificación pública. De no hacerlo, advirtió que recurrirán a los tribunales.
En este punto, es importante dejar claro que este caso no se trata solamente de Karen Yapoort. Se trata de poner sobre la mesa una discusión que la República Dominicana ya no puede seguir posponiendo: los límites y las responsabilidades de la comunicación digital.
Hay que decirlo con absoluta claridad: tener un teléfono, un micrófono, una página de Instagram, un canal de YouTube o miles de seguidores no convierte automáticamente a nadie en periodista. El periodismo requiere investigación, verificación, contraste y responsabilidad y, sobre todo, exige entender que detrás de cada nombre existe una persona, una familia, una reputación y una dignidad.
Hacer lo contrario a lo antes expuesto es, simplemente, explotar la controversia para generar tráfico, likes y recursos económicos.
Algunos parecen haber descubierto que una acusación escandalosa produce más interacción que una investigación seria; que un rumor genera más comentarios que una noticia verificada y que destruir una reputación puede ser mucho más rentable que construir credibilidad. En fin, es importante dejar claro que, de ninguna manera, esto puede ser el futuro de la comunicación dominicana.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN NO ES LIBERTAD PARA DESTRUIR
La Constitución dominicana protege la libertad de expresión y difusión del pensamiento, y debe protegerla. Una democracia necesita ciudadanos libres para cuestionar, denunciar, investigar, criticar y disentir, pero ningún derecho constitucional puede interpretarse como una licencia para atropellar los derechos de los demás.
La libertad de expresión no puede utilizarse como escudo para justificar la difamación, el acoso, la intimidación o la divulgación irresponsable de contenidos que puedan vulnerar la intimidad, la dignidad o la reputación de una persona y de su familia.
Hay que recordárselo a los enganchados: criticar no es difamar. Informar no es destruir. Investigar no es inventar. Esa diferencia parece sencilla, pero algunos todavía se niegan a entenderla.
LAS REDES SOCIALES NO SON UNA ZONA SIN LEY
La entrada en vigor del nuevo Código Penal dominicano, establecido mediante la Ley 74-25, incorpora disposiciones relacionadas con conductas cometidas mediante medios y plataformas digitales, incluyendo el ciberacoso, además de disposiciones relativas a la protección del honor, la intimidad y la reputación.
El mensaje jurídico es importante: el hecho de que una conducta ocurra detrás de una pantalla no significa que desaparezca la responsabilidad. Internet no es una zona franca; un teléfono celular no es un salvoconducto; una cuenta con miles de seguidores no concede inmunidad; y un influencer no está por encima de la ley.
¿QUIÉN RESPONDE CUANDO LA MENTIRA SE VUELVE VIRAL?
Esta es, quizás, la pregunta más importante de este artículo. Cuando una información falsa alcanza a un millón de personas, ¿qué ocurre cuando posteriormente se demuestra que era falsa? ¿Quién devuelve la reputación? ¿Quién borra las capturas? ¿Quién recupera la tranquilidad de una familia? ¿Quién les explica a los hijos de la persona afectada que aquello que vieron circular en las redes no era cierto?
Estos enganchados a comunicadores y periodistas no entienden que el daño digital puede producirse en segundos y que la rectificación, cuando llega, muchas veces aparece tarde y alcanza apenas una fracción de la audiencia que tuvo la acusación original.
Por eso, la responsabilidad no puede llegar después del daño. Tiene que comenzar antes de publicar.
EL CASO YAPOORT DEBE SERVIR DE ADVERTENCIA
No corresponde a los medios de comunicación ni a las redes sociales decidir quién tiene razón en una controversia que eventualmente pueda terminar en los tribunales. Eso corresponde a la Justicia.
Pero lo que sí corresponde a la sociedad es exigir una comunicación más responsable. Si una persona considera que su honor, reputación o dignidad han sido vulnerados, tiene derecho a utilizar las vías legales disponibles. Eso es precisamente lo que ha anunciado la defensa de Karen Yapoort.
En fin, esta decisión plantea un mensaje que debería ser escuchado por todos aquellos que utilizan las plataformas digitales para comunicar: las redes sociales no eliminan la responsabilidad jurídica ni la responsabilidad ética.
SE ACABÓ EL “PUBLICO Y DESPUÉS VEO”
La época del “lo publico y después averiguo” tiene que llegar a su fin. También debe terminar la práctica de esconderse detrás de frases como “me dijeron”, “supuestamente”, “eso está circulando” o “yo solamente estoy informando”, cuando en realidad se está amplificando una acusación que no ha sido debidamente comprobada.
Los influencers, los enganchados a comunicadores y los periodistas deben comprender que comunicar es una responsabilidad.
Tener audiencia es una responsabilidad todavía mayor. Mientras más grande sea la plataforma, mayor debería ser el compromiso con la verdad.
Deben tener claro que un comunicador serio no necesita destruir a nadie para conseguir audiencia, no necesita humillar para generar interacción, no necesita convertir la vida privada de otros en espectáculo y, mucho menos, necesita mentir para conseguir un like.
El caso de Karen Yapoort debe ser llevado por las vías institucionales correspondientes. Serán los tribunales, si finalmente conocen acciones judiciales, quienes determinarán las responsabilidades que correspondan. Pero hay una conclusión que sí podemos sacar desde ahora:
La comunicación digital dominicana necesita recuperar la ética, la responsabilidad y el respeto por la verdad. No podemos permitir que la búsqueda desesperada de likes termine convirtiendo nuestras plataformas en tribunales de linchamiento público.
La libertad de expresión debe defenderse, la crítica debe defenderse, el periodismo debe defenderse. Pero también deben defenderse el honor, la dignidad, la intimidad y la reputación de las personas.
Porque cuando una sociedad permite que cualquiera pueda acusar, humillar y destruir desde una pantalla sin asumir consecuencias, el problema ya no es solamente de las redes: es un problema de sociedad.
Y por eso, el mensaje debe ser contundente:
LA DICTADURA DEL LIKE TIENE QUE TERMINAR.
COMUNICAR NO ES DESTRUIR. INFORMAR NO ES DIFAMAR. Y TENER UNA PLATAFORMA NO ESTÁ POR ENCIMA DE LA LEY.
Carlo Lara M.A
Periodista | Máster en Marketing Digital y Redes Sociales
829-574-2009 | IG: @ el_periodista_



